sábado, 13 de diciembre de 2008

PRIMER MENSAJE

Chile, Valparaíso, 13 de diciembre de 2008.

Amados samaritanos de Venezuela:
Anoche he recibido un regalo maravilloso, un fruto de la siembra del Espíritu Santo en mi vida, la llamada telefónica de nuestro entrañable hermano Ítalo Violo. Conversamos largamente sobre como se ha desarrollado la obra de la Discapacidad en vuestro país, y en especial el Ministerio El Buen Samaritano. Siento gran satisfacción que en aquellas hermosas tierras diese fruto esta semilla del Samaritanado, cosa que no ha tenido tanto éxito aún en mi país.

Ustedes cuentan con un gran líder, después de nuestro Señor Jesucristo por cierto, y es este hermano discapacitado en su físico pero no en su alma ni en su espíritu, Ítalo Violo. ¡Con cuanto tesón, perseverancia, amor, fe, abnegación y esperanza él os impulsa a vosotros a continuar la lucha de hacer la sociedad y la Iglesia, un lugar inclusivo, sin barreras!

Los mal llamados “normales” tenemos una deuda con Jesucristo, quien dio vista a los ciegos, hizo andar a los cojos, dio oído a los sordos, liberó a los endemoniados y pasó por este mundo haciendo todo tipo de bien. Nuestra deuda es cumplir su mandamiento: “amaos los unos a los otros como yo os he amado” Amar a las personas con discapacidad es una acción que se expresa en consolar, ayudar, ofrendarse, dar, servir. El otro mandato del Maestro, que se hizo Siervo de todos, está escrito en la Parábola del Buen Samaritano: “ve tú y haz lo mismo” ¿Estamos haciendo tal como actuó el samaritano con su prójimo judío o somos como los religiosos que huyen del deber de servir al necesitado, para continuar en su apacible vida mística? Jesús nos pide hoy día que no olvidemos nuestro deber, y en esto me incluyo, de ser obedientes a Dios y movidos a misericordia por Su Espíritu Santo para servir con amor a nuestros hermanos con discapacidad y a todo hombre o mujer que requiera de nuestro servicio.

Amados samaritanos: felicito a los que ya finalizaron el primer curso de Samaritanado y les insto a ponerse a edificar la obra del Señor en sus iglesias, como lo hicieron Nehemías, Esdras y el pueblo fiel, en la reconstrucción de los muros y puertas de Jerusalén. La Jerusalén de hoy necesita ser restaurada en este aspecto: la inclusión, la educación, la rehabilitación, la integración y la evangelización de todas las personas con discapacidad en la Iglesia. Los cristianos debemos dar el ejemplo en esto y la Biblia contiene abundante material sobre ello. Los que cursan actualmente “Movidos a Misericordia” saben que es así.

Cada grupo de samaritanos de una iglesia plante un mesón en ella y comience a trabajar con mucha fe. Les recomiendo seguir estos pasos:
1. Orar por el Mesón de Samaritanos.
2. Captar al pastor y autoridades de la Iglesia.
3. Detectar dentro de la Iglesia todos los hermanos que tengan discapacidad
4. Detectar las familias de la Iglesia que tengan miembros con discapacidad.
5. Detectar en el barrio personas con discapacidad.
6. Comenzar a reunirse para orar, visitar hermanos con discapacidad, aprender el Samaritanado y practicar el amor cristiano.

Será muy propicio, amados samaritanos, que todos los mesones se reúnan una vez al mes para compartir experiencias, orar al Señor, planificar alguna actividad en conjunto y recibir enseñanza del hermano Ítalo Violo o de algún pastor de la ciudad.

Les encargo que conserven la unidad. El Ministerio no es una nueva iglesia sino un organismo de apoyo a ella. Consérvense siempre muy unidos a los pastores y obispos de la ciudad y de la nación, y soliciten su apoyo. Ellos sabrán discernir que ésta no es obra humana sino del Señor y Obispo de nuestras almas, nuestro Amado Señor y Salvador Jesucristo.

Anoche, cuando el hermano Ítalo Violo me comentaba acerca del crecimiento paulatino de esta obra de servicio entre ustedes, vino a mi memoria el texto de 1 Corintios 3:6,7 que dice: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. / Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” A algunos en la obra, por gracia del Señor, nos ha correspondido sembrar, otros han regado, quizás otros han podado y cuidado, mas quien ha dado el crecimiento no ha sido hombre alguno, pues sólo Dios tiene esa facultad. En la distancia les bendigo y oro al Señor de la mies para que crezcáis en toda virtud como samaritanos al servicio del prójimo que sufre. Espero algún día regocijarme junto a ustedes y brindarles alguna buena enseñanza recibida del Espíritu Santo para beneficio de vuestras vidas y de la Iglesia de Jesucristo. El Padre Bondadoso les de el crecimiento, Jesús Su Gracia sin medida y el Espíritu Santo Su fruto en abundancia, para que hagáis grande la Iglesia y el Ministerio en Venezuela. Amén.

Pastor Iván Tapia
Fundador
Ministerio El Buen Samaritano